" A veces, tienes que apartarte de las personas que amas, pero eso no hace que los ames menos. Algunas veces hace que los ames más. "
No se muy bien como empezar esta reseña (como de costumbre)pero ya hace mucho que quiero leer La última canción, básicamente desde que descubrí que existía el libro. Bum. Lo he dicho. Creo que es de los pocos libros que he leído por su adaptación al cine, porque para empezar ya sabéis que no soy muy cinéfila. Tras su lectura puedo decir que no está mal pero que me he llevado una pequeña decepción con el libro. He estado un rato haciendo suposiciones y creo que la razón es que esperaba revivir cierta sensación que viví cuando vi la película por primera vez en la gran pantalla y cuando eso no sucedió me llevé mi pequeño disgusto. Como veis el motivo más personal que otra cosa, ya que tampoco puede decirse que La última canción no te toque la fibra sensible así vayamos mejor al grano porque puedo seguir así todo el día.
Supongo que muchos ya sabéis de qué trata el libro, así que os queréis podéis saltar este párrafo porque no os vais a perder nada ya que la adaptación es muy fiel al libro. La última canción nos cuenta la historia de Ronnie y su familia. Todo empieza un verano antes de sus dieciocho, cuando es obligada por su madre a pasar todo el verano en casa de su padre, el hombre que lleva evitando desde que les abandonó. Desde que eso sucedió Ronnie empieza a frecuentar "malas" compañías y sigue más o menos igual cuando se marcha de Nueva York. Sin embargo, por casualidades de la vida, un día el popular y atractivo Will Blakelee repara tras un par de encuentros que tras su dura fachada hay algo más. De este modo nos embarcamos en una historia de amor que trata muy de cerca temas como la familia, la culpa o la amistad, y que nos lleva a un final bastante crudo.
Ronnie es la clara protagonista de la historia, pero también conoceremos de cerca a Steve, su padre, que no es ni de lejos el hombre que su hija tiene en mente. También conoceremos (aunque más superficialmente) a Kim, madre de Ronnie, y al joven Jonah, el hermano pequeño de la protagonista que le acompaña durante todo el verano y que, además, ejerce de mediador entre Ronnie y Steve. También conoceremos de cerca a Will, pues algunos de los capítulos que encontraremos están narrados por éste. Y Will Blakelee es más de lo que aparenta. Por otro lado están Marcus y Blake, dos personajes con lo que no terminé de simpatizar, aunque en el caso de Blake se ve desde el principio que no es mala persona. También tendremos la oportunidad de conocer un poco la familia de todos estos personajes ya que, como he dicho, todo el ambiente que envuelve a los personajes tiene mucha importancia.
La última canción es una de cal y otra de arena, una montaña rusa de momentos que los jóvenes protagonistas tendrán que intentar encajar. En ese aspecto hay un buen equilibrio de emociones, incluso el final tiene su parte buena después de todo y es como un recordatorio de que la historia de los personajes no se queda allí. Otra cosa a destacar es que me ha gustado ver como el personaje de Ronnie se desarrolla y como esa tensión que siente en los hombros, cada vez que está con su padre, va desapareciendo. Por contra he sentido que las relaciones entre personajes se establecían de manera algo precipitada, o tal vez soy yo que no estoy familiarizada con estos sentimientos, no sé. La prosa del autor en La última canción es ágil, pero hay ciertos capítulos en los que prácticamente no sucede nada y pueden resultar algo más aburridos. A todo esto añado que cuando leí El cuaderno de Noah me quedé encandilada por la prosa casi poética del autor y las emociones que contenían los diálogos e incluso las descripciones del paisaje, en La última canción han habido momentos de estos pero no me han transmitido lo mismo.
En resumen, La última canción es un libro narrado desde diferentes puntos de vista y en el que seremos muy conscientes de la importancia de tener un hogar, gente que te quiere, amigos, familia, etc. De prosa y argumento bastante sencillo sin dejar de lado la magia y la emoción que es capaz de transmitir Nicholas Sparks cuando se lo propone. Puede hacerse lento en ocasiones pero nada que te haga plantear abandonar la lectura. Un buen libro, pero no de esos que me han dado ganas de recomendar a los cuatro vientos. Una historia de amor en todos los sentidos, tanto en el ámbito familiar como el de las amistades incluyendo, obviamente, el amor más clásico y pomposo (?).














